Desarrollo, veinte años más tarde

Con décadas de retraso, se instala de repente la discusión de un nuevo modelo de desarrollo para Chile. Se argumenta que está en agenda debido a la falta de reactivación económica y al consenso -al menos- de que crecimiento e inversión no han sido suficientes para alcanzar el ansiado desarrollo económico. Tenemos ex Ministros, empresarios y algunos líderes de opinión -por fin abriendo los ojos- como si este fuese un descubrimiento de este 2019. Molesta la ingenuidad reciente, pese a que el debate de la Economía del Desarrollo se encuentra ampliamente posicionado en la agenda internacional, hace bastante más de dos décadas.

Una nueva agenda de productividad, cambio en la matriz, consenso empresarial y pacto social, son las consignas de un debate que apunta a una evolución del modelo económico chileno. Ricardo Ffrench Davis, Doctor en Economía y chileno, en su libro “Chile, entre el Neoliberalismo y el Crecimiento con equidad”, alertaba ya en 1999 la necesidad del cambio en la estructura productiva nacional: “Hay un componente que habitualmente no se incluye entre los equilibrios macroeconómicos, pero que siempre debería ser protagonista: es la relación entre la creación de nueva capacidad productiva y los aumentos de producción efectiva (o uso de capacidad). Como se ha expuesto antes, durante el período de Pinochet hubo profundos desequilibrios entre ambos indicadores; la brecha, aunque sin duda en una escala menor, resurgió en 1998- 2001. El costo de perder esos equilibrios es siempre muy elevado…”. Tocamos techo en la fecha señalada por el profesor Ffrench Davis, pero los sectores involucrados decidieron hacer oídos sordos hasta hoy, en un momento donde las perspectivas económicas apuntan a períodos críticos.

Se abre el debate hacia este nuevo modelo productivo, emulando experiencias internacionales como la innovación en los sectores agrícolas australianos y holandeses, o las políticas industriales de países como Singapur y Corea del Sur. Hasta aquí y ante lo curioso que resulta este tardío debate, es positivo que al menos exista. Pese a la amplia y contundente literatura que describe experiencias de desarrollo y desarrollo económico, los espacios académicos de nuestro país abordan escasamente esta literatura y se han perdido por lo tanto, décadas de evolución en esta área, con autores latinoamericanos como Raúl Prebish y Celso Furtado, o economistas como Jeffrey Sachs, Michael Todaro, Amartya Sen, Joseph Stiglitz, Paul Krugman, y las economistas Bina Agarwal, Naila Kabeer y Sakiko Fukuda Par (mención aparte es que la Economía del Desarrollo debe ser multidisciplinaria, por lo tanto falta nombrar a tantos otras/os).

Lo que no podemos obviar, es que una estrategia de desarrollo debe ser estructural y orientada en el largo plazo. Es riesgoso partir construyendo el techo de la casa, cuando las bases estructurales no están instaladas y cuando el proyecto arquitectónico, aún no está discutido, consensuado  y planificado. Por ello es relevante al menos mencionar los elementos básicos que constituyen ese proyecto. Como pilar fundamental, una educación accesible y de calidad para todos y todas. Los países Nórdicos, Alemania, Corea del Sur y Singapur consideran sistemas educacionales no segregados como fundamentos de sus economías (no sólo en términos de acceso y desigualdad sino también de los enfoques y grupos que la componen, además de valoración de los profesores y colaboración como pilar). Incluso, sabemos que mantener políticas educativas segregadas, sólo aumentará la desigualdad y la concentración del ingreso y capital, que ya alcanza a casi 35% en el 1% más rico de Chile.

En segundo lugar, es imposible hablar de una nueva matriz productiva y de política industrial cuando desde hace más de 40 años el porcentaje del PIB que se destina a Investigación y Desarrollo no supera el 0,38%  (decisión transversal a todos los anteriores gobiernos) y dónde los presupuestos destinados a la investigación -científica y social- son precarios e intermitentes. Los países desarrollados exitosos destinan entre 2 y 4% del PIB a este ítem, como parte estructural de una política productiva y económica. En tercer lugar, otro fenómeno de los países desarrollados es su preocupación por la igualdad de género, el respeto a la diversidad y el bienestar social y mental de sus habitantes -el sistema social chileno se encuentra en crisis absoluta y como consecuencia tenemos los índices más altos de suicidio, alcoholismo y obesidad- por mencionar algunos conflictos básicos. Un cuarto punto, central en los casos de desarrollo económico mundial es el nivel de negociación de los sindicatos -la negociación colectiva forma parte no sólo de acuerdos para el establecimiento de condiciones laborales mínimas, sino que también a la generación de valor agregado en las empresas e instituciones respectivas- en esto, el rol de las mujeres es fundamental, no sólo en el aumento de las tasas de participación, sino que también en cargos y negociaciones.

Con todos estos elementos estructurales en consideración, un elemento transversal a todos los anteriores y que se encuentra alineado con el actual debate internacional, es la emergencia climática, que implica el impulso de nuevas matrices energéticas, innovación y conservación. El no reconocer esta realidad global, significa mantenerse al margen de la evolución de los nuevos modelos de desarrollo sostenible (social y ambiental). Chile ya tiene más de dos décadas de retraso en la implementación de una estrategia de Desarrollo real y para colocarse al día debe ocuparse de la segregación y quiebre de la estructura/cadena educativa, social, laboral y productiva, dejando de lado el negacionismo climático. Esto será tarea de todos los sectores: políticos, sociales, académicos y empresariales, sobre todo de aquellos a cargo de las estructuras productivas del país, que como ya sabemos no sólo se encuentran altamente concentrados, sino que reacios a integrar procesos de evolución productiva, social y ambiental, con miras al nuevo siglo.

Con todos estos elementos estructurales en consideración, un elemento transversal a todos los anteriores y que se encuentra alineado con el actual debate internacional, es la emergencia climática, que implica el impulso de nuevas matrices energéticas, innovación y conservación. El no reconocer esta realidad global, significa mantenerse al margen de la evolución de los nuevos modelos de desarrollo sostenible (social y ambiental). Chile ya tiene más de dos décadas de retraso en la implementación de una estrategia de Desarrollo real y para colocarse al día debe ocuparse de la segregación y quiebre de la estructura/cadena educativa, social, laboral y productiva, dejando de lado el negacionismo climático. Esto será tarea de todos los sectores: políticos, sociales, académicos y empresariales, sobre todo de aquellos a cargo de las estructuras productivas del país, que como ya sabemos no sólo se encuentran altamente concentrados, sino que reacios a integrar procesos de evolución productiva, social y ambiental, con miras al nuevo siglo.

Alejandra Ortiz Niño de Zepeda
Master in International Development Policy-Duke University
Centro Ecosocial Latinoamericano

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